«(…) antes de ser llamada para integrarme a ella (Academia Chilena de la Lengua) como miembro correspondiente por la provincia de Osorno, era algo así como una hija natual de la literatura chilena y, ahora que estoy aquí, me siento «pasada por el civil», reconocida de padre y madre […] ante los escritores, ante ustedes – mi pueblo- repito esa santa verdad, porque la zona, paralelo 40° latitud sur, está a mil kilómetros de la capital y eso de alguna manera aislamiento cultural, dificultad de contacto con los medios de comuncación, soledad creadora, lejura de los movimientos contingentes, en fin, una suerte de murallón de nieblas que aparta al cristiano de provincia del hervor intelectual de la gran ciudad. […] por eso, repito, agradezco el honor con que la la Academia Chilena de la Lengua ha querido dispensarme al incorporar mi nombre en sus registros. Y emocionada asumo esa responsabilidad en mi condición de pueblerina o, mejor dicho, de campesina de cuatro generaciones, nacida y criada con manta al pie de esta herradura de volcanes.»
Esta es la ‘voz’ de Delia Domínguez Mohr (1931-2022), quien el 25 de mayo de 1992 pasó a ocupar el 4° sillón de la Academia Chilena de la Lengua, ocasión en la cual leyó un discurso de incorporación titulado: “Señales de una Poesía Mestiza en el Paralelo 40° Sur”.
Esta poetisa chilena de origen alemán, oriunda de Osorno le dio voz a través de una poesía magistral a los inmigrantes y colonos de origen alemán, que se asentaron a partir del paralelo 40° – latitud sur. En tránsito sur-norte-sur y entre dos culturas, ofrece un emotivo y hermoso ejemplo de intercambio intercultural lírico. Delia es una de las representantes más importantes de la generación chilena del ’50.
En una arriesgada apuesta a la lírica abandonó sus estudios de leyes para dedicarse a su vocación líteraria. Fue también Jefa de Redacción de la revista Paula; conductora en algunos programas de televisión para el canal 9 de la Universidad de Chile; panelista en el programa Carretera Cultural de la “Radio Chilena” y también fue Directora de la Sociedad de Escritores de Chile y de la Revista Alerce, órgano de difusión de la misma institución.
El poéma «Pido que vuelva mi ángel» incluído en su discurso «Colonización Alemana: Epica y Leyenda del Paralelo 40° Sur» (Osorno, 25 de marzo de 1987) despliega los sentimientos de mujer que va dejando las huellas de su pasado, y no solamente el cultural. En ahogado grito de dolor y nostalgia Delia declama:
Pido que vuelva mi ángel
En nombre de todo lo perdido
de los cometas que nunca más volvieron
a señalar caminos con sus colas de fuego
porque la muerte se paseó en puntillas
desde el pecho de una mujer que pudo amarnos:
pido que vuelva mi ángel.
Por la maleza que cubrió los patios
donde se hundió la luz como canción de cuna
y nuestra soledad fue canto de lechuzas
en el retumbadero de la noria:
pido que vuelva mi ángel.
Por las estufas apagadas en las cocinas del sur
donde los paños bordados en punto cruz
conservan la lengua de Goethe
en estrictas sentencias que todos olvidaron:
pido que vuelva mi ángel.
Por las manos de hombre
que cargaban antiguas escopetas de caza
y tendían cueros de venado sobre las camas frías
en los dormitorios mojados de invierno:
pido que vuelva mi ángel.
Por los que compartieron nuestra cena
y probaron el pan y la sopa de la felicidad
cuando aún ninguna muerte
tomaba asiento a nuestro lado
y creíamos ser los héroes de una juventud eterna:
pido que vuelva mi ángel.
Por el amor, en fin, por el olvido
y lo que fue verdad en el entierro de los sueños,
por ti y por mí, temblando de esta maldita soledad,
visibles desde lejos en el paraíso terrenal:
pido que vuelva mi ángel.
…y sentada en una silla de Vienna ve pasar el tiempo y como se van muriendo sus raíces y las de todos aquellos que tuvieron que emigrar y (re) crear una nueva “Heimat”.
Silla de Viena
El reino no es el mismo,
sólo está Dios en todo lo que amabas.
Manos desconocidas tiran piedras al sueño:
no hay amparo posible.
Arriba pasan las aves de alas blancas
mientras el canto de los madereros
llega desde las barracas del oeste.
Algunos saludaron
con un toque de gorra esta mañana,
eran los nietos de los leñadores alemanes
que conociste en las casetas de relevo
cuando el bosque todavía era un gigante verde,
y en las tonelerías de Rahue Alto
se cargaban los vasos con pólvora del diablo.
El reino no es el mismo,
sólo está Dios en todo lo que amabas.
Los postigos del lado de la lluvia
se entornaron
el año que una mujer partió de negro.
Y aún no sables si la casa de tablas
está parada en este mundo, porque
disimulas tus fantasmas, cuando
lo que vale es el coraje
de hincarse a conversar de amor,
mientras se están muriendo tus raíces.
Abre el pestillo: un perro ciego
todavía dormita a los pies de tu silla de Viena.
Delia Domínguez
Osorno. Marzo de 1987

1966 Premio Municipal Pedro de Oña
1992 Hija Ilustre de la ciudad de Osorno
1996 Premio Consejo Nacional del Libro
1999 Premio Fundación Felipe Herrera
2001 Premio Universidad Mayor
2004 nominada para el Premio Nacional de Literatura
2005 Premio Pablo Neruda.
No es necesario agregar nada, la voz de Delia nos muestra en magistral lírica miedos, incertidumbres, nostalgias y soledades, que constituyen el equipaje de mano de todo migrante, que tuvo que dejar su “hogar” con la esperanza de encontrar refugio, seguridad, sustento y libertad en otros mundos.
Las mujeres son las que conservan el bagaje cultural que tuvieron que dejar atrás al emigrar: rituales, idioma, comidas y la dimensión estética de sus lugares de orígen. Ellas son las que sufren en silencio la resignación y el miedo frente a la aventura del viaje incierto y el asentamiento en nuevos mundos, que no siempre les son favorables ni amables.
En estos tiempos de turbulencias producto de guerras y conflictos variopintos les deseo mucha fuerza a todas aquellas mujeres, que se encuentran en esta triste situación de entre-mundos-sin mundos para construir un hogar.
Saludos desde Berlín, especialmente este 8 de marzo del 2025 de parte de una nómade cultural, migrante ocasional, viajera trascendental, e inmigrante real por la razón y la fuerza.
Astrid… on the road!